lunes, 27 de enero de 2014

Llamamiento de los 18- 1º



Unos veloces pasos rompieron el silencio que reinaba en la biblioteca. Ana, alertada, se levantó sobresaltada. Vio una figura que se acercaba a grandes trancos por el pasillo. Enseguida se relajó, reconoció al nuevo visitante, era el mensajero del consejo: Quique de los Terrarus. El muchacho era menudo, delgado y con un cuerpo fibroso acostumbrado a la intemperie. Solía vestir con armaduras ligeras de cuero, que le permitían moverse con agilidad. Su papel en el consejo de los 18 había sido de gran importancia pues durante los momentos de crisis, sus pies eran los más raudos y su corazón infatigable. Era el encargado de transmitir mensajes de un lugar a otro y su información era bienvenida ya que tenía una buena capacidad de observación,  siempre estaba pendiente de los más mínimos detalles, incluso de aquellos que no le importaban. Sus grandes ojos eran penetrantes y sinceros. Esgrimía la espada con maestría y cuando luchaba, aprovechaba su rapidez para lanzar una tormenta de sablazos, por eso  cariñosamente lo llamaban “Centella”.
-Saludos, hermanos del consejo - dijo Quique -.
- ¿Qué se te ofrece? - preguntó Ana-.
- Me han encomendado avisar a todos los miembros del consejo. Antes de que se ponga el sol habrá una gran asamblea. Los mensajes que llegan de tierra firme no son buenos y debemos debatir la mejor forma de atajar el mal que se cierne sobre Dambil.
- Muchas gracias Centella, con sumo gusto nos presentaremos en la asamblea -contestó Alexa.- 

Con una pequeña reverencia, a modo de despedida, Quique se dirigió a su siguiente destino: El rincón del guerrero, lugar donde los miembros del consejo ponían a prueba su destreza con las armas y hechizos. En su interior se extendía  una gran porción de terreno. Había numerosas habitaciones llenas de pruebas y espacios destinados al adiestramiento y perfeccionamiento en las artes de combate. Pronto los pies de Centella llegaron a su destino y se dispuso a entrar al edificio. Al abrir la puerta una oleada de calor azotó la cara del joven Terrarus.

Se encaminó hacia el maestro de combate con arco, su nombre era Don José Juan y su origen mitad elfo y mitad humano, le habían dotado de poderes extraordinarios para el combate con arco y ballestas. Era alto, moreno de piel y en su rostro destacaba su nariz achatada. En sus ojos había autoridad, pues desde hacía años estudiaba el arte del magisterio para adiestrar mejor a los 18. Había sido un gran guerrero y llegó a ser capitán de las huestes de los semielfos, pero durante la rebelión de los trolls, se vio obligado a luchar en combate a muerte contra el líder de los rebeldes; Jumantroll. 


El combate fue duro ya que el enorme troll era astuto y diestro con la lanza. Al final de la lucha, Don José Juan y Jumantroll, se golpearon mutuamente. El ataque del joven semielfo fue mortal y consiguió atravesar el corazón del maligno troll, pero éste no se quedó atrás y de una certera lanzada partió la pierna de su oponente. La rebelión terminó pero la pierna de Don José Juan nunca llegó a sanar del todo. Lejos de abandonar las armas, el semielfo decidió entrenarse duramente para mejorar el combate a distancia, de ese modo podría luchar sin que su pierna fuera un lastre. Sus habilidades crecieron tanto que el Consejo se interesó por él y terminaron por concederle un lugar dentro del Bastión para que ayudara a los guerreros a mejorar su manejo del arco. Decía la leyenda que su puntería era tan certera como la de la misma Rínuviel.
- Maestro del arco, le interrumpió Quique, estoy buscando a los miembros del consejo, traigo un mensaje importante.
- No hace mucho tiempo, Ainhoa de los Wouters estuvo aquí practicando con su ballesta pero se fue poco antes de tu llegada. Hay otros miembros repartidos por las salas de entrenamiento pero hace rato que no los veo, puede que se hayan marchado ya -contestó Don José Juan- . 
- Gracias maestro, buscaré en las demás salas.

Los pasos de Centella le llevaron a la sala de Azotes mágicos, un lugar destinado a probar los hechizos ofensivos. Era una sala circular, con el suelo de arena fina. Las paredes estaban fuertemente protegidas para amortiguar los efectos de la magia. Cuando entró, disfrutó de  un espectáculo habitual en aquella sala.

Un joven de cabellos rubios y vestido con una armadura laminada ejecutaba  un hechizo. Quique lo reconoció rápidamente, era Alex Flaimer. El muchacho era un aventajado miembro del consejo y era diestro tanto en combate con armas como con la magia. El atuendo del joven era igualmente una mezcla de las dos maestrías. Solía proteger su pecho y hombros con una coraza que resplandecía con luz propia. Sus piernas estaban cubiertas por un faldar de color azul celeste repleto de bolsillos. Quique no quiso interrumpirlo, y aguardó a que el guerrero terminara de hacer su ejercicio.
La visión era espectacular, Alex susurró unas palabras invocando su poder de fuego. Sus cabellos rubios flotaban de forma salvaje movidos por las vibraciones del aire y, sus ojos expresaban concentración y decisión. Pronto unas llamaradas rodearon  su espléndida figura; los reflejos de la flama en su armadura daban la sensación de que fuera un golem de plata. De repente alzó sus manos y apuntó con ellas a unos trozos de madera que se hallaban colgados de una cuerda y ¡¡¡Flash!!! Proyectó un chorro de fuego con una velocidad asombrosa. Los maderos estallaron en mil pedazos y el joven quedó satisfecho con el resultado.

-Veo que tu poder sigue aumentado Alex  -dijo Quique a modo de saludo-.
-Pero no tanto como tu flequillo - añadió Alex bromeando- me alegro de verte, amigo ¿Qué te trae por aquí?
Quique rió con ganas mientras se pasaba la mano por el pelo.
-Yo también me alegro de verte, me encantaría quedarme un rato para charlar pero tengo muchas tareas pendientes y no puedo entretenerme. Me envían para informarte de la celebración de una asamblea justo con la caída del sol.

Alex asintió con gesto serio y miró al suelo, sabía que una asamblea era la confirmación de que algo malo pasaba en Dambil. Justo cuando levantó el rostro para pedir más detalles, Centella ya se había marchado con premura.
Quique continuó su visita por las salas del edificio, hasta que escuchó el ruido inconfundible del combate. Alguien luchaba en la sala de armas. Centella entró con decisión y contempló un duelo entre guerreros. Dos jóvenes bien armados hacían chocar sus armas con gran estrepito. Observó que eran miembros del consejo. Sus armaduras resplandecían y sus armas estaban impregnadas por  magia elemental. Uno de ellos empuñaba un gran martillo y el otro; espada y escudo. Los yelmos no permitían a Centella reconocer a los luchadores, y al igual que con Alex, esperó educadamente a que terminaran su entrenamiento. Así estuvo durante varios minutos mientras los guerreros se batían con fiereza. Uno de ellos era ligeramente más grande y alto que el otro, y con su gran martillo despachaba poderosos golpes a su oponente. El otro contendiente era muy similar en estatura, pero sus movimientos eran ágiles como los de un felino y esquivaba una y otra vez los martillazos. Pronto se dieron un descanso y se quitaron los yelmos. Entonces Quique los reconoció; el del martillo era Juan Antonio  de los Flaimers y el otro César C.  de los Eolirs.

- Eres muy lento, con ese martillo tuyo no serías capaz de darle ni a una ancianita reumática - dijo César C divertido -.

- ¡¡¡¡Ahh mai!!! Y si tu golpearas un poco más flojo serías capaz de curar heridas con tu espada- dijo Juan Antonio devolviéndole la broma- 
Juan Antonio era grande y corpulento. No era muy dado a los estudios de la magia, aunque últimamente había progresado mucho.  Era un gran guerrero y fiel camarada. Su gran martillo, tenía el mango lleno de muescas, que simbolizaban a los oponentes vencidos, y lo cierto es que eran incontables.
Los luchadores se sentaron mientras reían con ganas sus tonterías. Ambos tenían una personalidad desenfadada y su compañía era apreciada por los demás miembros del consejo.

- Siento interrumpiros caballeros- dijo Centella llamando la atención- pero se requiere vuestra presencia para celebrar una asamblea de suma importancia. Nos veremos en la pirámide con la puesta de sol.

- ¡¡¡Centella!!! Pero ¿tú no estabas en el norte de reconocimiento? -dijo César C.
- Exacto y traigo mensajes que debéis escuchar. Pero todo será aclarado en la asamblea, y tú César ¿no deberías estar patrullando?
- Hoy terminé pronto y me vine a darle un repaso al grandullón- aclaró mientras señalaba a Juan Antonio- Además me encontré con el elfo que rescató a Titón. Muy amable, charlamos mientras  lo guiaba hasta la biblioteca.
- Sí, desde luego nos hizo un gran favor devolviéndonos a ese anciano cabezota ¿A quién se le ocurre enfrentarse a Gormul en solitario? ¡Ya no está para esos trotes!- dijo Quique más serio-  
- ¿Y qué deberíamos haber hecho? ¿Coger entre todos la Rosa Dorada?- preguntó Juan Antonio con sarcasmo- Titón tuvo el valor que nos faltó a nosotros. Teníamos solamente una espada pero nadie, salvo él, aceptó el desafío.
- Pero…tal vez podíamos haberle ayudado de algún modo. Siempre nos enseñan a trabajar en equipo y esas cosas, no sé…- titubeó Quique-.
- No hay que darle más vueltas, lo pasado, pasado está. No pierdas más tiempo, seguro que aún tienes a más gente a la que avisar -concluyó Juan Antonio-.


Quique salió del Rincón del Guerrero en busca de más miembros del consejo. Bajó por la empinada calle a gran velocidad cuando pasó por delante de una casa pequeña y sencilla. Miró arriba y vio que de la chimenea salía humo de colores brillantes. Centella sonrió y llamó a la puerta. Mientras permanecía a la espera escuchó muchos ruidos de cristales y algunas explosiones. La puerta se abrió y antes de que el mensajero pudiera ni tan siquiera articular palabra, una mano lo cogió de la manga y lo arrastró hacia dentro.

- Entra Centella, estoy a punto de conseguir algo extraordinario.

La que hablaba era María M. de los Terrarus. Su casa era un completo desastre, la joven era una estudiosa de las viejas artes alquímicas, y se pasaba horas y horas inventado todo tipo de pociones y artilugios. Entre tanto desorden había alambiques, probetas, botes y frascos con toda clase de líquidos y muchos papeles colgando de las paredes. Centella se quedó mirando uno de aquellos bocetos y admiró  un dibujo increíble de una diadema. María M. era una muchacha con mucho talento, dibujaba a todas horas y hacía anotaciones  con entusiasmo en una libreta que siempre portaba.  Le gustaba estudiar e inventar cosas para sus compañeros.
- Si esto sale bien -decía la joven mientras se movía entre tanto desorden- es posible que te puedas llevar un regalo muy valioso.

- ¿Para mí? -preguntó Centella-.
- Sí, pero por favor calla, necesito concentración.

El mensajero quedó en silencio y se dedicó a observar a la inventora. Lo cierto es que, aunque estaba un poco loca, era muy simpática y bonita. Lo que más destacaba en su rostro eran sus ojos, alegres y amables, capaces de hablar por si solos. Era extrovertida y alegre, pero sobre todo, era muy creativa. Vestía una túnica de color verde con bordados dorados de hojas de eucalipto y un cinto de cuero negro lleno de herramientas ceñido a su cintura. Su cabello, moreno y suelto, se movía de un lado a otro mientras sus ojos buscaban algo con ansiedad entre tanto desorden.

- ¡¡¡Ajá!!! Ya te tengo- dijo sujetando una maraña de hierbas. Esto le dará el toque necesario, si todo sale bien cuando eche esta raíz de mandrágora, el líquido de aquella probeta se pondrá verde y entonces el experimento será un éxito.

Con sumo cuidado fue triturando con los dedos la raíz seca y depositándola dentro del recipiente. Poco a poco este fue tomando un color verdoso.

-¡Perfecto! Tal y como esperaba- dijo María M. mientras echaba el resultado de la formula en una botellita pequeña y redondeada- ¡Aquí lo tienes! Una poción diseñada expresamente para ti, Centella.
 - ¿Una poción? ¿De qué se trata? -dijo Quique-.
- Ya lo verás llegado el momento, pero recuerda, úsala solo en caso de tener mucha prisa.
- De acuerdo -aceptó Centella- ahora me gustaría que me escucharas. Traigo un mensaje del consejo, esta tarde...
- Sí, sí, esta tarde hay una asamblea, justo antes de la puesta de sol -interrumpió María M.
-  ¿Y por qué diantres me haces perder el tiempo sí ya lo sabes?
Los rosados labios de María M. dibujaron una sonrisa pícara y dijo:
-  Anda, no seas cascarrabias que te he dado un regalo muy interesante, ya me lo agradecerás.

No había terminado de decir la frase y Quique ya corría  hacia la puerta, aún quedaban varios miembros por avisar y se acercaba la hora de comer.

16 comentarios:

  1. Me encanta la historia!!! La parte que más me ha gustado ha sido la parte de la lucha entre Juan Antonio y César C. La que menos cuando se habla de D. José Juan. Me hubiese ilusionado más si hubiese salido yo en la historia....

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  2. Esta historia es muy interesante y me gusta mucho la parte en la que Kike se toca el flequillo mientras habla con Alex y la que menos es cuando Jumantroll le corta la pierna a Jose Juan.¡Qué asco!
    Fdo:Alex Constantín Iosef

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  3. Obiamente me encanta la historia,es tan buena como todas.Han salido muchos personajes Quique,Alex,Juan Antonio....etc.Pero yo he salido poquisimo espero que en la proxima historia salga mi carta jijijijij

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  4. Me gusta mucho la historia. Me encanta como describes a los personajes y como incluyes sus frases preferidas o sus pensamientos, gestos... etc.

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    1. Muere tú, ser maligno, con menos poder que nosotros

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  6. Ahh mai que chula profe.César C.

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  7. Esta historia no tiene nada que contar, solo que Quique va avisando al consejo, aunque me ha gustado, porque se supone que en la siguiente historia, sabremos por que Quique va avisando a todos los del consejo. :)

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    1. Yo digo lo mismo que Celia, solo los va avisando. Aunque las descripciones me gustan mucho, la que más es la de María M, porque dice que está un poco loca. Jajaja.

      Fdo: María H

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  8. Profe muy chula la historia y muy divertida sobre todo lo que dice Juan Antonio.
    FDO:Silvia Palomares Rodríguez.

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  9. Esta historia me ha gustado porque sale los personajes y por lo que dijo Juan Antonio ahh mai jajaja
    Fdo: Ana Cristina Lopez

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  10. Me ha gustado mucho, realmente has enfocado a los personajes.Y las situaciones son perfectas,encajan mucho.
    Alexa

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  11. Esta historia me ha encantado sobre todo yo misma me ha encantado cuando decías que estaba un poco loca y la verdad es que es verdad.
    Fdo María M

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  12. Muy interesante, esta historia me permite conocer a tus miembros del Consejo.

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  13. Profe me ha encantado la historia sobre todo cuando salen Juanan y Cesar C que gracia.Jajajajajajajajajaja!!!!!
    (Todo me ha gustado y nada no me ha gustado)
    Karen;D

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