lunes, 3 de febrero de 2014

El Llamamiento de los 18-2º



Centella corrió velozmente  por el pavimento de las callejuelas del Bastión. No avanzó mucho cuando una hermosa música acarició su oído. Quique reconoció la melodía dulce, bellamente interpretada. Era una canción triste que se compuso en honor a las víctimas de la Guerra del dragón. Con ese nombre se conocía en Dambil al conjunto de acontecimientos protagonizados por Dúlfenor y su épica batalla contra Élestor.  Normalmente la voz era acompañada por un instrumento de cuerda, un “crimnalor”, inventado por los duendes hacia muchos siglos y que emitía un sonido delicioso, una mezcla entre violín y arpa. En este caso, solamente una voz cantaba  sin acompañamiento de ningún tipo. Quique se acercó al lugar del que provenían las notas y entonces la vio. Estaba sentada al borde de una fuente de la que brotaban chorros cristalinos de agua. La joven  vestía unos ropajes ceremoniales, propios de los miembros del consejo, de un color naranja apagado. Llevaba unos brazaletes de plata y plerio que emitían caprichosos destellos debido a la cercanía del agua. Llamaba la atención su hermoso cabello, largas hebras de oro y cobre se posaban con suavidad sobre sus hombros. Pequeños adornos realizados con ramitas de jazmín adornaban su cabellera; las damas del consejo las usaban para perfumar el cabello después de haberlo lavado. Ainhoa de los Wouters, pues ese era su nombre, siguió interpretando la triste tonada.


Quique esperó, esta vez, con mucho gusto a que Ainhoa terminara. Las notas brotaban con dulzura  y su voz  llenaba de magia el ambiente. El ruido de la fuente parecía silenciarse a propósito para no estropear la música con su borboteo. El pelo de la joven Wouters bailaba y se mecía; con las notas más alegres se ondulaba divertido y con las más lentas se alisaba, tendido sobre los hombros de su dueña. Centella escuchó ensimismado durante largo rato, aunque a él le pareció un suspiro. Ainhoa mantenía los ojos cerrados, concentrada, su rostro transmitía serenidad. Cuando finalmente terminó y abrió sus ojos, vio frente a ella al mensajero.



-Hola Ainhoa, el maestro Don José Juan mencionó que acababas de terminar tu entrenamiento, ha sido una suerte escuchar tu canción, no sabía dónde empezar a buscarte.

- Vaya, pero sí es el bueno de Centella, dime ¿por qué me buscabas? ¿Ha ocurrido algo? - preguntó Ainhoa-.

- Últimamente han ocurrido muchas cosas en tierra firme, un profundo mal se cierne sobre Dambil. El propio Titón lo vio con sus ojos, y ahora tenemos que hacerle frente o sucumbir ante la oscuridad.

- Malas noticias nos traes, supongo que ante esta situación se habrá convocado una asamblea.

- Efectivamente -confirmó Centella- justo con la caída del sol, nos veremos todos en la Casa de los 4 Elementos. Ahora, sí me disculpas, debo marcharme a gran velocidad a buscar a los que aún no han sido avisados.

-Quedas disculpado, y si tus pies necesitan descanso, aquí seguiré cantando un rato por si quieres reposar. Me vendrá bien alguien que escuche.

- Por cierto -dijo Quique antes de marcharse- ¿sabes si algún miembro del consejo anda por aquí cerca?



Ainhoa quedó pensativa y contestó:

- Ahora que lo dices, de camino a la fuente pasé por delante de la taberna del Unicornio y escuché jaleo. Tal vez allí puedas encontrar a alguno de los nuestros.

- Gracias Ainhoa.... ¡¡¡Qué no se te olvide lo que te he dicho!!! -dijo Centella a modo de despedida.

Ainhoa dibujó una tierna sonrisa y puso los brazos en jarra simulando enfado por el recordatorio de su amigo. Aunque era una persona responsable, solía tener una pésima memoria y no era raro que se le olvidaran las cosas.



Quique se deslizó por unas cuantas calles hasta una gran casona que destacaba sobre las edificaciones colindantes. En letras de hierro forjado se podía leer “El unicornio alegre”, ese era el nombre de la taberna del Bastión. Contaba con dos plantas de altura. La primera era un salón comedor lleno de mesas y sillas. Justo frente a la entrada, en la pared del fondo había una barra de madera color cobre donde se apalancaban unos cuantos clientes. Centella distinguió al menos a ocho personas repartidas por el establecimiento, pero dos llamaron su atención. Una era un gran guerrero vestido con armadura. Estaba sentado en la barra y bebía de una gran jarra. De su espalda colgaba una gran porra cubierta de espinas de metal. Era un arma inconfundible, pertenecía a... pero entonces, Centella, reparó en el otro huésped misterioso. Un encapuchado se acomodaba cerca de la chimenea de la taberna, fumaba en pipa y su rostro era irreconocible. Portaba un gran manto marrón oscuro que le cubría totalmente. 

 Aquella persona le inspiraba un profundo respeto y emanaba un aura mágica ¿Quién sería? Mientras pensaba, se acercó a la barra  y situó justo al lado del grandullón de la porra. Quique puso su mano sobre la hombrera plateada del guerrero. Éste, sin tan siquiera mirarlo, le dijo:

-Sabía que vendrías a buscarme, Centella. Pero siéntate y descansa tus doloridos pies. ¡¡Camarero!! Traiga un poco de aguamiel para mi amigo, seguramente este sediento.
-Gracias Christian de los Wouters. Acepto de buen grado tu invitación, traigo la garganta seca.



Christian era un gran guerrero del Consejo de los 18. Era un chico listo y durante las lecciones de magia había demostrado ser tan bueno como el mejor, pero solía tener cierta tirria a los libros, en especial sí estos era gordos y tenían muchas letras. Lo suyo era el combate cuerpo a cuerpo. Su porra espinada era su fiel compañera de batalla y era un objeto extraño en Dambil. Algunos dicen que era una herencia familiar y que sus antepasados formaban parte de las antiguas tribus del sur. Tenía una maraña de pelo oscuro y su rostro, adornado con  algunas cicatrices, miraba con ojos profundos. Llevaba el pelo corto y a veces lo peinaba con una cresta similar a la que usaban los guerreros orcos. Era fuerte y durante su más temprana juventud entabló amistad con clanes y tribus orcas. Sus relaciones con estas criaturas le hicieron ganarse un puesto en el Consejo de los 18 pues Christian ayudó a mantener la paz entre humanos y orcos en multitud de situaciones delicadas. Era de carácter afable y sabía llevarse bien con todo el mundo.

El camarero sirvió una generosa jarra de aguamiel a Centella.

- Invito yo -aclaró Christian mientras daba un par de plerios al tabernero.

Me dirigía el Rincón del Guerrero cuando escuché unos extraños rumores. Entonces cambié de planes y me vine aquí. Querido Centella -dijo palmeando la espalda del enjuto mensajero- si alguna vez tienes dudas sobre algo, busca la respuesta en una taberna, es el reino de los chismes, rumores y marujeos.

Centella, asintió sonriendo

- Entonces supongo que ya conoces la noticia de la asamblea ¿verdad?

- Así es -confirmó Christian- por eso no voy a hacerte perder más el tiempo. De hecho, te he facilitado el trabajo pues encontré a Karen de los Terrarus y a María P de los Flaimers y ya les aclaré lo de la asamblea. Me han asegurado que allí estarán.

- ¡Excelente! así podré darme un descanso antes de que comience la reunión. Entonces, saldré rápidamente a buscar a los demás.


Centella, salió más animado de la taberna, además de haberse refrescado, su compañero Christian le había facilitado la tarea.



Está vez Centella tuvo que atravesar una gran trecho, pues se dirigía a las  la murallas que rodeaban toda la porción de tierra flotante. Se dirigió a la parte más occidental de la fortaleza y contempló como unos duendes se afanaban en la construcción de lo que parecía ser una gran máquina. Un joven, dirigía a los duendes y consultaba un gran plano. Vestía una armadura completa, en su pecho lucía el blasón de la guardia de élite; un gran ojo blanco. De sus hombros colgaban dos adornos que sostenían una capa color granate. Tenía un rostro serio y preocupado. Era Ernesto de los Eolirs, uno de los encargados de la seguridad del Bastión. Era un muchacho orgulloso y reservado pero solía hacerse querer entre sus compañeros y su corazón era generoso. Durante su infancia, mostró un dominio avanzado de la magia e hizo investigaciones para combinarla con el arte de la construcción. Se ganó el puesto de arquitecto, y entre sus logros destacaba  el diseño  del Rincón del Guerrero, donde la construcción y la magia se juntaban dando como resultado un lugar extraordinario. Ojeaba pensativo uno de sus bocetos, pues era un gran dibujante, pero no le gustaba darles color por lo que su habilidad era perfecta para elaborar planos. Centella lo sacó de sus pensamientos:

- Saludos Arquitecto ¿Qué nuevo proyecto te traes entre manos? 
 
- Salve Centella -respondió Ernesto al mensajero. Estoy intentando combinar la magia de fuego con esta catapulta. Se trata de una máquina de defensa para las murallas. Hace un rato Alejandro vino a buscarme y me dijo que Titón solicitaba que se reforzaran las defensas con máquinas capaces de lanzar grandes cantidades de fuego.

- ¡¡Vaya!! Parece interesante ¿Funciona?

- Mis artesanos duendes están intentando dar con un error en el sistema de engranajes ¡Asquerosos engranajes! -Dijo con un brote de ira repentina-. Si conseguimos que los tensores no se rompan con el calor -añadió más sosegado- podremos lanzar fuego a grandes distancias. 
 - Supongo que si has hablado con Alejandro...-comenzó Centella.

- Sí -dijo cortante Ernesto- ya sé lo de la asamblea. Espero resolver los problemas de la maquina antes de encontrarnos allí. Lárgate, seguro que encuentras a alguien al que molestar.

            Centella salió disparado mientras admiraba las murallas. Las defensas del Bastión habían sido extraordinariamente bien diseñadas por los antepasados de los 18. Había tres grandes muros que defendían la ciudad, los tres círculos eran concéntricos, siendo el más grande la primera barrera contra el ataque enemigo. En caso de que los invasores consiguieran atravesar la primera muralla, se topaban de frente con otro muro fuertemente defendido. Se podía pasar de una zona a otra, a través de pequeños túneles cerrados. Era una pesadilla para cualquier enemigo.

Se dirigió a la zona suroeste de la ciudad, a un lugar muy especial, donde se encontraba Celia de los Wouters. Pronto, sus pasos le llevaron a una  pequeña casa, parecida en diseño a la de María M. Tocó a la puerta. Se escucharon unos pasos en el interior y el ruido del picaporte al girar confirmaron que Celia estaba en casa. Una joven apareció en el umbral, vestida con las mismas ropas de tono naranja que llevaba Ainhoa, eran las vestiduras ceremoniales, y eso quería decir que Celia ya estaba preparada para su cita en la pirámide. 

- ¡Hola Centella! Entra, pareces cansado ¿Quieres comer algo? -dijo Celia saludando.

Así era Celia, una muchacha generosa, amable y de carácter bondadoso. Sus modales eran impecables y era muy difícil verla enfadada.  Tenía un rostro entrañable y bello. Su voz era melosa y relajante y todos disfrutaban de su compañía.

-  No gracias, tengo algo de prisa.

- Bueno pues pasa, no te quedes en la puerta, aquí siempre eres bienvenido - invitó regalando una de sus mejores sonrisas.

            Celia era de la tribu de los Wouters, su casa era un lugar frecuentado por los magos del Bastión. La joven tenía una habilidad extraordinaria  para la magia. Aunque era una maga sobresaliente, su gran virtud era otra. Desde pequeñita le había gustado trastear con todo tipo de objetos, y descubrió que hay sustancias que permiten a los magos potenciar su poder. Investigó más seriamente su hallazgo e inventó un nuevo complemento vital para todo buen hechicero; la varita o cayado. Con solo un vistazo, Celia era capaz de ver el tipo de magia que utilizaba una persona, y usando ese conocimiento, mezclaba materiales y fabricaba bastones o varitas personalizados. Dependiendo del tipo de madera, de las piedras preciosas que se incrustasen e incluso de los adornos que poseyera la varita, un simple mago podía ver duplicado su poder. Esa habilidad fue lo que hizo que pronto se incorporara como miembro del consejo de los 18, y ahora era indispensable pues sus "armas" eran muy valiosas.
- Celia- observó Quique- veo que llevas las vestiduras ceremoniales del consejo...
Pues claro, si no ¿cómo voy a ir a la asamblea?- aclaró la joven. 
   - ¿Estás al tanto de todo?
- Por supuesto, no hace mucho César Nieto vino a verme. Un engarce de su varita se había roto y quería que lo arreglara. 
  - ¡Yuju!! - dijo saltando Centella, lleno de alegría. Mi trabajo ha terminado, los 18 habéis sido avisados y ahora podré descansar un rato. 
   -Nos vemos en la asamblea! - gritó Celia a modo de despedida mientras veía a Quique alejarse a toda velocidad.  


20 comentarios:

  1. Ahhhhh!!!! Me cabrea mucho que no salga pero la historia está bien, aunque solo les avisa.

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  2. Que chula pero a mi no me describes y, ¿como es posible que César N lo supiera?
    Karen

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    1. Eso digo yo también

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    2. Lo sabe, porque dice que fue a casa de Celia a que le arreglara una varita, y ella se lo dice.

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    3. Y como lo sabía Celia antes de que Centella(Quique) se lo dijera?

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    4. Puede ser que Celia como era muy buena con la magia......
      Karen

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    5. No tiene mucho sentido que digamos...pero tendrá su explicación eso sí lo se.
      Karen

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  3. Creo que para los siguientes capítulos voy a necesitar un croquis o no me voy a apañar con todos los personajes, de todos modos no pienso perderme la continuación, la historia es genial.

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    1. Tu tranquila te
      amoldarás!!!!
      Karen

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  4. Esta historia no esta tan chula como las demás que bromeaban entre ellos en esta no lo hacen.Quiero que salga ya la historia de la asamblea para saber lo que pasa con Gormul y El Innombrable.

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  5. Me ha gustado mucho la historia
    Juan Antonio

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  6. Esta muy chula profe.Fdo:César C.

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  7. Me encanta la historia porque esta muy bien expresada.

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  8. Está genial profe tienes que continuarla Fdo: Centella :)

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  9. Eso de que trabajaba con duendes es una referencia a mi estatura?

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    1. ¿Cómo va a ser por eso?

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    2. Porque él es bajito, y se junta con la gente, etc..... *-*

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  10. Me gusta mucho la descripción de los personajes, sobretodo la de Ainhoa. Lo que no me gusta es que no me describas, ni me han nombrado. Creo que el personaje misterioso tiene algo que ver en todo este asunto.

    Fdo: María Huertas

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  11. A mi esta historia me ha gustado mucho, sobre todo cuando sale mi descripción, aunque es un poco royo que no hayan salido todas las descripciones.

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  12. Esta historia me ha gustado mucho ,pero estoy deseando ver lo que pasa en la siguiente historia.
    Fdo: Ana Cristina López.

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