lunes, 10 de marzo de 2014

La única esperanza




El encapuchado permaneció erguido, con postura orgullosa, todos callaron al verlo. Cuando el silencio se hizo en la sala, se echó su capucha hacia atrás y descubrió su rostro. Ante el Consejo apareció un hombre entrado en años, su rostro era rígido y severo, desprendía sabiduría. Su voz retumbó potente en la sala ampliada por algún extraño conjuro.

- Tal vez yo pueda explicar las palabras de la joven Karen de los Terrarus.
- Mi señor ¿Quién se supone que sois? - interrogó María H. educadamente, rompiendo el incomodo silencio.
- Vivo desde hace tanto tiempo que he olvidado mi nombre, algunos me llaman "El Ermitaño" y otros prefieren llamarme Águila. Podéis llamarme como os plazca, María, líder del Consejo.
- ¡¡¡Águila!!!- exclamó Alexa de los Eolirs. Mi señor -dijo refiriéndose al anciano-  he leído casi todos los tomos de nuestra biblioteca y he observado que en algunos casos se mencionaba el nombre de Águila para referirse a un encapuchado que solía aparecer en Dambil en tiempos de oscuridad.

Alexa, explicaría más tarde que Águila era un personaje mencionado en las historias de catástrofes en Dambil. Siempre aparecía en momentos de necesidad para aconsejar a los defensores del bien. Si Alexa estaba en lo cierto, Águila debía contar siglos y siglos de edad, por eso se extendió la leyenda de que era un enviado de los mismísimos dioses. 
- Es cierto, querida Alexa, muchos textos han hablado de mí, pero eso carece de importancia en este momento. Las señales de vuestra adivina Karen son enigmáticas mas creo que la visión del águila ha quedado más que explicada después de mi presentación. Yo soy ese "Águila" que sobrevuela el Bastión y vengo a traeros un mensaje de esperanza. Hizo una ligera pausa antes de explicarse, miró a todos los congregados y con voz segura y autoritaria comenzó:
Hasta ahora todos pensábamos que el cataclismo que surgió al romperse la Rosa Dorada, cuando chocó contra la Hoz de Gormul, es la responsable de romper la barrera entre los vivos y los muertos, pero eso no es del todo cierto. Decidme -dijo dirigiéndose a la asamblea- ¿Cuántos de vosotros habéis visto volver a la vida a vuestros familiares? ¿Quién ha visto levantarse los cuerpos de las buenas gentes de Dambil?

- ¡¡Es cierto!! ¡¡Tiene razón!! Resonaron las voces en los techos de la pirámide.
- Eso se debe a que solo han resucitado los malvados, solo sus corrompidas almas vuelven a Dambil para buscar venganza, para calmar su sed de sangre y sembrar la angustia -aclaró Águila-. Fueron las puertas del Infierno las que se abrieron con la explosión de la Rosa Dorada, son las almas condenadas las que escaparon e invaden nuestro mundo.

Ernesto se levantó agitado, golpeó la mesa con su puño y gritó en voz alta:
- Mi espada se encargará de devolver, uno a uno, a esos asquerosos al corazón del infierno.
-Calmaos, Ernesto, arquitecto del Bastión -dijo Águila con voz sosegada. Vuestra espada nada puede hacer contra los No-muertos. Podéis frenarlos momentáneamente, romper sus huesos e incluso incinerarlos pero su alma maldita buscará otro cadáver cercano donde alojarse y se volverá a levantar.
En la pirámide sonaron las voces suplicantes de los asistentes "¿qué podemos hacer?" preguntaban ansiosos.
- Solo hay una manera de pararlos. Hay que volver a encerrar sus almas.
Titón tomó la palabra y preguntó.
- Maese Águila ¿Cómo podríamos encerrar sus almas? Necesitaríamos de una magia increíblemente poderosa, nadie en Dambil podría hacer un hechizo semejante.
- Vuestra adivina os ha dado la clave...”veo una piedra azul que brilla con gran intensidad” -dijo Águila recordando textualmente las palabras de Karen-. Hay una antigua reliquia llamada Zafiro de Estrella. Ese Zafiro tiene el poder de custodiar y guardar las almas en su interior. Si conocéis la historia de Élestor y Rínuviel sabréis que es verdad lo que digo.
- ¡Es cierto!- exclamó Finred desde las gradas.
- ¡Pero sería imposible! -dijo César Nieto de los Eolirs. Hace tiempo estudié las propiedades del Zafiro de estrella, y en caso de poder guardar las almas en su interior, tardaríamos siglos en hacerlo. Estamos hablando de encerrar una a una las almas de cientos de miles de enemigos, antes de conseguirlo, Dambil habría sido arrasada.
César N. era un muchacho fornido y curioso. Tenía pelo castaño, pero cuando pasaba una época al aire libre, enseguida adoptaba tonos dorados por el contacto con el sol. Era un gran conocedor de la magia, de hecho era uno de los pocos magos puros del Consejo, aunque no vestía como tal. Solía llevar la indumentaria propia de los exploradores, con armadura de cuero remachado. Era también un gran arquero, y tenía la habilidad de impregnar sus flechas con magia para hacerlas más destructivas. Era un muchacho perseverante, no le importaba permanecer horas y días tratando de encontrar solución a sus problemas de magia.
Sabía todo lo que se podía saber sobre las piedras, gemas, rocas…y era extraño pues era un Eolirs. Hacía algunos años, César N. descubrió una magia oculta en un tipo de piedra extrañísima. Las llamó "Piedras de Salto" pues permitían realizar "saltos" de un lugar a otro. El joven Eolirs, aprendió a usar la magia de las piedras y descubrió que podía abrir portales dimensionales. Al atravesar esos portales viajabas desde  el lugar donde se encontraba una piedra a otro. César N. estaba  el mando de las puertas del Bastión. Había depositado una piedra en el interior del Bosque Sombrío, y la otra permanecía en las murallas de la ciudad. Cuando alguien quería ir del Bastión a Tierra firme, o al revés, el mago avivaba con su magia las piedras de Salto y entonces abría los portales. El proceso era una auténtica maravilla y había resultado ser un gran avance para la seguridad y comodidad de los habitantes del Bastión.

- Tal vez tengas razón joven Eolirs - aceptó Águila-. Pero aún queda una posibilidad. El edificio en el que nos encontramos fue construido en tiempos inmemorables con una magia asombrosa. El poder que hay en este lugar sería suficiente como para ampliar la fuerza del Zafiro. Si encontrásemos la piedra y pudiéramos llevarla hasta la cima de esta pirámide -dijo señalando al techo- podríamos atrapar todas las almas que estuvieran dentro de un radio de 5 kilómetros del Bastión.
- Pero esa idea no tiene sentido -rebatió María M. - ¿De qué nos sirve traer la piedra aquí? Estamos a varios kilómetros flotando sobre tierra firme. Nuestros enemigos se encuentran al Norte, a varios días de camino del Bastión.
- Entonces el Bastión tendrá que bajar a tierra firme -sentenció Águila. 

La sala se colmó de nuevo de rumores y de exclamaciones ¡¡Es una locura!! Decían unos ¡¡El Bastión estaría perdido en tierra firme!! Gritaban otros. Y así se sucedieron unos minutos llenos de confusión y de discusiones. Fue entonces cuando un fogonazo iluminó la sala, todos callaron y vieron a Titón con su bastón alzado. Había realizado un pequeño truco, algo parecido a un cohete mágico para llamar la atención de los congregados.  
- Creo que comienzo entender el plan. Pondremos un cebo a Gormul.
Desde siempre, el Amo Negro ha deseado destruir el Bastión, matar a los 18 y hacerse con todas las reliquias de nuestra ciudad. Pues bien, le pondremos el Bastión en bandeja de plata, eliminaremos la magia que permite flotar a la ciudad y bajaremos la fortaleza a tierra firme. Será un cebo perfecto. Conozco la codicia de Gormul, estoy seguro de que atacará el Bastión con todo su ejército, pues sabe que somos la única resistencia que queda contra su dominio. Cuando nuestros enemigos nos invadan y estén lo suficientemente cerca, haremos uso del Zafiro de Estrella y pondremos fin a esta pesadilla. 

- Así es querido Titón - dijo sonriente Águila. Es la única esperanza que le queda a Dambil.
Entonces Ainhoa se levantó y pidió el turno de palabra. 
- Nada se sabe del Zafiro de Estrella, y ni tan siquiera sabemos dónde empezar a buscarlo.
- ¡¡Yo sí!! -dijo Celia. Un día intentado construir un bastón con unas gemas especiales me tope con algunas dudas y  tuve que recurrir a la información de nuestros libros. Encontré un tomo viejo en la biblioteca relacionado con todo tipo de piedras preciosas y había unos apuntes sobre el Zafiro, al  parecer los últimos en poseer el Zafiro fueron los orcos que habitaban las montañas del Sur...
- ¡¡Esperad!! -gritó César C. el guardián del Bastión. Soy el único que se ha dado cuenta de que cuando el Bastión esté en tierra firme, seremos atacados por el inmenso ejército de Gormul. ¿Qué pasará entonces?
Otra vez  las voces alteradas de los asistentes hicieron del salón una desquiciada algarabía. Todos hablaban al mismo tiempo hasta que María H. pidió orden y tomó el turno de palabra.
- Es cierto, no tenemos más remedio que prepararnos para el ataque. Es posible que el Bastión quede sitiado y nadie pueda entrar ni salir. Es necesario que contemos con alimento suficiente para aguantar el mayor número días posibles ¡¡María P. de los Flaimers!!- llamó Filguin- ¿De qué suministros disponemos en el Bastión? 
Entonces una joven dama, morena y de hermoso rostro se levantó de su asiento. Era María P. de los Flaimers e  intendente del Bastión. Era una muchacha dispuesta y con carisma, tenía cierta facilidad para la organización y la gestión, daba órdenes con soltura y eficacia. Tenía el cabello corto, a la altura de los hombros, y lo dejaba suelto para que jugara con el aire. Sus ojos eran sinceros y cautivadores. Era atenta y eficiente.  Desde pequeña había mostrado destreza tanto en la magia como en el combate, pero conocía como nadie todos los rincones del Bastión. Gestionaba todas las riquezas y suministros de la Ciudadela,  además era la responsable de vigilar que la magia que mantenía la fortaleza en el aire no se debilitara y siempre estuviera en perfectas condiciones.
- Los almacenes del Bastión están bajo mínimos, mi señora -dijo María P.- contestando a Filguin-. Desde que sucedió el cataclismo, muchas aldeas han dejado de mandarnos los alimentos que solíamos comprarles. Muchas tierras han sido arrasadas por las hordas de muertos. Teniendo en cuenta que harían falta muchos defensores para resistir las acometidas de Gormul, estimo que podríamos aguantar 5 días, como mucho 6, si no se desperdicia nada.
- Entonces no hay tiempo que perder. Si solo contamos con seis días, cuanto antes bajemos el Bastión a tierra firme, mejor. No podemos esperar a quedarnos sin comida para tender la trampa a nuestro enemigo- dijo Titón.
- María P, a ti te encomiendo la tarea de bajar el Bastión a tierra firme. Estamos en tus manos -dijo la líder del Consejo.
- Lo haré mi señora -aceptó la intendente con actitud responsable.
- Los demás -dijo Filguin dirigiéndose al Consejo- tenemos que organizarnos. Difícil tarea nos ha tocado desempeñar, pero aún queda esperanza. Necesito un grupo que se encargue de la búsqueda del Zafiro. Otros deberán quedarse aquí para defender el Bastión y aquellos que lo deseen podrán salir a buscar ayuda. Cualquier espada que podáis reunir será bienvenida: orcos, duendes, trolls... recordadles que estamos juntos en esto.

Todos quedaron callados y pensativos. Hasta ahora no se habían enfrentado a una situación tan difícil, si fallaban Dambil sucumbiría. Las esperanzas eran pocas y todo era muy arriesgado. Entonces el valor hizo su aparición y uno a uno, los miembros del consejo se fueron levantando.
- ¡¡Yo iré a buscar el Zafiro!! -dijo Christian. Conozco a los  clanes orcos del Sur y en nombre de nuestra amistad  les pediré  información sobre el Zafiro.
- Hermano del Consejo, yo te acompañaré pues he estudiado a fondo la piedra y podré comprobar que es autentica - añadió César N.
- Centella se presenta como voluntario para acompañaros, necesitaréis mis rápidos pies para mantener las comunicaciones con el Bastión.
- Es posible que mis dotes de adivinación nos guíen en la búsqueda- dijo Karen-  ¡¡Marcharé con ellos!!
- ¡¡Qué así sea!! Dijo Figuin. En vosotros recae la responsabilidad de traer el Zafiro al Bastión. Nuestros mejores deseos partirán con vosotros pues de vuestro éxito depende la victoria.
- Yo acudiré a las montañas a recordarle a los Trolls nuestra alianza, es posible que los pueda convencer para que nos ayuden -se ofreció Alejandro.
Alexa observó a su amigo:
- No dejaré que vayas solo. Mi lanza partirá a tu lado en busca de trolls.
Finred solicitó permiso para hablar:
- Si el Consejo lo estima conveniente, me gustaría ir en busca de mis hermanos, los elfos arcanos. Sus arcos acudirán para defender el Bastión.
- Yo te acompañaré en ese peligroso viaje -dijo Ana, que comenzaba a sentirse cómoda en compañía del elfo.-
Finred se ruborizó pero aceptó de buen grado la compañía de la guardiana del Centro del Saber.
Juan Antonio se alzó  decidido:
Iré a la llanura de las flores a solicitar el auxilio de los guerreros de Sehella, los duendes vendrán a ayudarnos.
- Yo no pienso perderme eso- añadió César C- mi espada te acompañará en esa misión. ¡Cuenta conmigo!
- Mi señora Filguin -dijo Ernesto, yo protegeré las murallas. Mientras corra sangre por mis venas ningún saco de huesos conseguirá invadir el Bastión. Mis duendes y mis catapultas les harán morder el polvo.  
- ¡¡Yo te ayudaré Ernesto!! Esos bichos no podrán morir pero voy a darles tantos mamporros que van a desear volver a sus tumbas - dijo María M.  alzando su espada.
- Bueno pues alguien se tendrá que quedar a cuidar de que no os hagáis daño- dijo la dulce voz de Silvia con cierto sarcasmo- así que me mantendré en las casas de curación para atender a los heridos.
- Yo prepararé los caballos y estaremos fuera de las murallas, esperaremos el ejército de Gormul a campo abierto pues alguien tiene que hacerse cargo de las máquinas de asedio - mencionó Ainhoa.
- Yo cabalgaré contigo, hasta el fin del mundo sí es necesario - añadió María P. 
- Con vuestro permiso, estaré al mando de los arqueros de la muralla e incendiaré con magia las flechas que disparemos. Incineraremos las tropas de Gormul - propuso Alex Flaimers.  
- Tienes mi permiso  -dijo la líder del Consejo- es una gran idea.
- Sería un honor investigar  con Titón la magia de la pirámide, intentaremos que todo esté preparado para cuando traigáis el Zafiro - se ofreció Celia de los Wouters.
- ¡¡¡Que así sea!!! - puntualizó María H. Que la suerte y la fortuna nos acompañe en esta noble misión.
Diciendo esto, Filguin desenvainó su espada y la alzó en el aire. Miró a sus hermanos del Consejo y gritó:
¡¡¡Por Dambil!!!
Y toda la sala respondió con gritos ensordecedores:
¡¡¡POR DAMBIL!!!
Titón y Águila se miraron emocionados. Tal vez aún quede un resquicio de esperanza.

9 comentarios:

  1. Qué chula que ha estado!!!!!!!Me ha encantado que salga yo. La parte que más me gusta (a parte de en la que salgo yo) es el final cuando todos se van a ayudar.

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  2. Esta bien pero me ha liado un poco esta historia.

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  3. Esta historia es muy chula e interesante.La parte que más me ha gustado es la parte en la que todos han gritado a la vez por Dambil y la que menos ..... ¡¡¡ no hay ninguna que no me guste!!!! Toda la historia me ha gustado mucho
    Fdo:Alex Constantin Iosef

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  4. Es genial, me gusta mucho que podamos ayudar y
    que todos colaboremos pero y los que no ayudan que ¿se quedan de chachara?
    ;)
    Karen

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  5. me encantaaa,profe que cabeza te has olvidado de alex jajajaja,a y de que color es mi caballo??

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  6. Me encanta la historia. Me gusta mucho mi descripción, sobre todo como describes cada detalle y cualidad mía .

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  7. Cada vez más interesante. La espera ha merecido la pena. Besos.

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  8. Profe muy chula la historia pero no es justo que yo no haga no haga nada importante lo unico que hago es cuidar a los enfermos :(

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    1. Espero que Elarien no lea tu comentario...¡¡Cómo que cuidar de los heridos no es importante!!
      Si no tenemos a alguien que sea capaz de curar a los heridos, terminarán muriendo y haciendo más grande el ejército de Gormul.

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