lunes, 21 de abril de 2014

Frío y penumbra



La tarde empezaba a caer, el bosque Sombrío se presentaba como un interminable palacio de columnas de madera  que sustentaban una bóveda de hojas y ramas. Los rayos débiles del atardecer apenas podían iluminar los obstáculos y peligros que acechaban en los alrededores. Christian, precavido, portaba una antorcha al frente de sus compañeros. El silencio era casi absoluto, los pasos eran amortiguados por una alfombra de hojas secas y solo el crepitar intermitente de la antorcha amenizaba la marcha. 

- No deberíamos haber tomado este camino -dijo César N. rompiendo el silencio-. Hemos perdido el sendero de vista, llevamos un buen  rato dando vueltas.

La nueva ruta la había propuesto Quique argumentando que podían atajar un buen trecho si cruzaban por la espesura del bosque. 

- Estoy seguro de que pronto saldremos al otro lado, tan solo hay que avanzar un poco más -defendió  Quique quitándole importancia al asunto-. 


Karen estaba nerviosa, un creciente desasosiego la acompañaba desde la salida del Bastión, pero se había prometido a sí misma no contagiar a sus compañeros con su pesimismo. Quería gritar que estaban equivocados y que abandonar el sendero era la peor decisión que habían tomado desde su salida pero mantuvo la boca cerrada, no quería empeorar las cosas. 


De repente una maldición la sacó de sus pensamientos.

- ¡Por todos los demonios! ¡Estamos caminando en círculos! -gritó César N.

- ¡No es posible! - dijo Christian. Vamos en línea recta, estoy seguro.

- Ven aquí y acerca tu antorcha -demandó el joven Eolir

César estaba agachado junto a una roca y Christian se aproximó al lugar mientras le tendía la antorcha. La luz de las llamas bañó el lugar.

- Mira, esta señal la dibujé hace un par de horas -explicó señalando el emblema del Bastión que había dibujado con simpleza; un gran ojo blanco-.

- Christian es nuestro guía, él nunca se equivoca de camino -afirmó Quique-.

- No hay duda Centella -asumió Christian-  la marca de la roca es una prueba contundente de que llevamos horas andando en círculos. Hemos perdido mucho tiempo, pero aún podemos demorarnos más si nos empeñamos en seguir con esta oscuridad. Propongo que hagamos noche aquí y acampemos. La luz del amanecer nos guiará y encontraremos la salida.


Karen sintió que su estomago le daba vueltas, la sola idea de dormir en aquel lugar le erizaba todo el vello de su cuerpo. Eran señales que le indicaban que algo malo estaba a punto de suceder. Debía advertir a sus compañeros.

- Debemos continuar, no podemos quedarnos aquí de ninguna manera… ¡Estamos en peligro! -su voz sonó alterada y llena de terror, eran sentimientos que trataba de esconder pero los nervios la traicionaron.

Quique estaba nervioso y defraudado consigo mismo, él era el responsable, él había tomado la decisión de tomar el atajo y había obligado a sus compañeros a que le siguieran. Todo era  por su culpa. Sin darse cuenta perdió los nervios y pagó su frustración con Karen:

-  ¡Ya estás con tus nefastos augurios! ¡Siempre estás echando el cenizo y nunca te parece bien nada! ¡Estoy harto de tus predicciones! -gritó enfadado- Si eres tan buena adivina podías adivinar el camino para sacarnos del este maldito bosque…

-  Así no ayudas nada - dijo cortante César-. Tú fuiste el que nos metiste en este embrollo con tus estúpidos atajos, ella no tiene la culpa.

- ¡Basta ya! Echándonos las cosas en cara no saldremos de este lugar. Necesitamos descansar y poner las ideas en orden. Acamparemos - propuso Christian poniendo fin a la discusión-.


Improvisaron un pequeño campamento, sencillo pero acogedor. Desde la discusión un incómodo silencio reinaba entre los miembros del Consejo. Christian repartió unos trozos de carne curada, y pasó un pellejo de agua para que sus compañeros bebieran.

Karen estaba sentada al margen de los demás, mordisqueaba con desgana el trozo de cecina, no tenía apetito pero se obligó a tragar. Débil y desnutrida no sería de ninguna ayuda, debía mantenerse fuerte. Las palabras de Quique la tenían desmotivada. Sabía, pues se conocían desde hace muchos años, que su compañero solía culpar de sus fallos a los demás, era una costumbre inmadura que no le gustaba pero estaba segura que no sería la primera ni la última vez que sucediera algo parecido durante la misión -pensó resignada-.

-Debemos organizar las guardias, este lugar no es seguro. Dormiremos por turnos -propuso César-.

-Yo haré la primera guardia -dijo Karen, mientras pensaba que de todos modos no iba a poder dormir.

Sus compañeros se envolvieron en sus sacos de dormir y tendidos sobre el lecho de hojas se dispusieron a disfrutar de unas horas de sueño. Karen apoyó su espalda sobre un tronco cercano desde donde se podía vigilar perfectamente los alrededores. Le sorprendió el silencio que reinaba aquella noche, era totalmente antinatural, lo lógico en aquellas circunstancias es que miles de sonidos poblaran el ambiente. Los ruidos furtivos de algún roedor correteando por los setos, el canto inconfundible de las rapaces nocturnas o la insistente serenata de los grillos. Pero aquel día no se escuchaba absolutamente nada, de hecho Karen se esforzó y se dio cuenta de que podía percibir las respiraciones suaves de sus compañeros mientras dormían.

Se movió incomoda y eso provocó que parte de la corteza del árbol en el que estaba apoyada se desprendiera. Extrañada cogió su varita; una hermosa creación de fresno coronada por un cuarzo de coral que potenciaba los poderes Terrarus  de su dueña, una estupenda creación de Celia. Invocó un poco de su magia y el cuarzo emitió una suave luz que iluminó el tronco. "¿Pero qué diantres es esto?", se preguntó la joven. Al observar con detenimiento, se percató de que el árbol manifestaba algún tipo de enfermedad. La corteza estaba seca. Presentaba un color gris ceniza y  se desprendía con el más ligero de los roces. Karen trató de encontrar en su memoria alguna enfermedad capaz de maltratar así a un árbol, era una extraña corrupción mágica, de eso no le cabía duda.  

Sumida en sus reflexiones no se dio cuenta de la brisa gélida que le subía desde las piernas. De repente observó en la espesura dos pequeños ojos que la vigilaban. Enseguida su sexto sentido dio la voz de alarma. Podía ser un lobo o un zorro que acechaba en la oscuridad, pero los ojos, como si de dos brasas se tratasen, titilaban  con colores cambiantes. Karen supo al instante que aquellos ojos no eran de un animal pero haciendo uso de su sensatez conjuró un pequeño hechizo, la luz de su varita se hizo más potente y alumbró la zona donde flotaban los ojos, si era un animal se asustaría. Poco a poco la luminosidad se disipó devolviendo la oscuridad a los setos en los que se escondía la criatura y Karen con tranquilidad comprobó que ya no  había nada. Suspiró aliviada y se dejó caer sobre el tronco, fue entonces cuando escuchó una voz muy cerca, demasiado cerca:

- Muerteeeeeeeeeeeeeeeeeeee.

Karen quedó paralizada por el terror, la voz siseante le trajo a sus memorias historias de terror que prefería haber olvidado. El sonido de las palabras se clavaba en su mente infringiéndole un dolor agudo en lo más profundo de su ser. La magia antinatural invadía el bosque y entonces recordó sus predicciones:

"…un sentimiento extraño. Un frío antinatural y una magia prohibida…"

- Fríoooooooooooo -repitió la voz cada vez más cerca.

Karen salió de su trance, se repuso al terror y convencida gritó con todas sus fuerzas:

- ¡¡UN LICHE!!

Corrió todo lo que pudo y se situó al lado de sus compañeros. Quique, Christian y César se levantaron como resortes y aún confundidos observaron como su compañera alzaba su varita emitiendo una luz blanca poderosa.

De los matorrales una criatura espantosa, nacida de mil pesadillas, se mostró ante los miembros del Consejo. En su rostro no se podía leer expresión alguna, pero los horribles ojos luminosos taladraban el alma desvaneciendo todo rastro de ilusión.

Pronto, sus compañeros  se levantaron prestos para un combate que desgraciadamente jamás podrían ganar. 
 - Utilizad ataques a distancia, mantenedlo a raya y no dejéis que os toque -ordenó César con voz temblorosa.

Por el suelo del bosque se empezó a extender una neblina azulada; un haz de putrefacción que marchitaba el lecho del bosque.  El frío era casi insoportable y los miembros del Consejo  hacían esfuerzos por resistir las bajas temperaturas.

Christian usando su poder wouter fue el primero en atacar, aprovechó las temperaturas gélidas para lanzar un enorme carámbano  contra el cuerpo del Liche. El trozo de hielo salió disparado a una velocidad capaz de atravesar el tronco de un árbol, pero inexplicablemente, justo cuando iba a impactar en el rostro de la criatura se derritió en el aire. César, por su parte, invocó un pequeño tornado  que proyectó hacia su adversario. El poder del aire envolvió el cuerpo del Liche, parecía que daba resultado pero un grito fulminador brotó de la criatura deshaciendo el sortilegio. El alarido hizo que todos cayeran al suelo tapándose los oídos y sufriendo un ataque de terror indescriptible. En sus mentes veían nefastas visiones, sus peores temores y sus miedos más íntimos.

Quique fue el primero en reponerse a tan terrible ataque y desoyendo el consejo de su compañero, desenvainó su espada y se lanzó contra su enemigo.

- ¡Detente! - quiso gritar César pero de su garganta solo brotó un lastimero quejido.

Quique arremetió con valentía e imprudencia, lanzando tajos a diestro y siniestro. El Liche, no se molestó en esquivar los envites, los golpes rebotaban en su piel sin hacer el más mínimo daño. Parecía divertirse con el empeño de su adversario hasta que de repente, alzó la mano y agarró el antebrazo de Quique deteniendo uno de sus ataques.

- No lo toques -gritó desesperada Karen desde el suelo.  

Quique sintió un frío espeluznante atravesándole todo el cuerpo, extendiéndose desde su brazo hasta el extremo de la pierna. Terror, pena, rabia…todos los sentimientos se agolparon en su cabeza hasta que su luz se apagó. Cayó redondo al suelo, su rostro golpeo la tierra   y quedó tendido boca abajo. La criatura absorbió su energía, su magia, su vida, sumiéndolo en el sueño eterno del que no despertaría jamás.



13 comentarios:

  1. WOW!!!
    Me metiste un miedo profe.Que intriga, quiero saber si muere o no Quique.
    Alexa:S

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    1. Por lo que pone en la historia muere pero ahora si resucitaa....no se lo que pasará.
      :(Karen

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  2. Ha estado muy bien, me ha gustado mucho. La parte del final ha sido la que más me ha gustado, pues está muy bien expresada y todos nos aliamos e intentamos derrotar al liche. Me da un poco de pena Quique pero creo que podrá sobrevivir con el poder de la Pirámide Elemental.

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  3. Es un poco cruel que Quique muera, siendo tan joven, es como una maldición.... Y, esta historia es diferente a las demás, es de miedo, pero toma más vida siendo algunos del consejo los protagonistas. ¡¡¡Está genial!!!

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  4. Profe me encanta la historia sobre todo por las descripciones pero me da un poco de pena la muerte de Quique.
    FDO:Silvia Palomares

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  5. Pobre Quique XD.Fdo:César C.

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  6. Esta historia es muy chula pero no me gusta nada que muera Kike. La parte que más me ha gustado ha sido todo excepto cuando muere

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  7. Esta historia es como las demás: nos dejas con intriga. Me gustaría saber que es lo que pasa con Quique. Me ha gustado la historia porque nos dejas con la intriga.
    Fdo: Ana Cristina Lopez.

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  8. Profe muy chula la historia me gusta que salgamos en las historias de verdad me encanta pero
    ¿no se podía quedar nadie más de guardia por qué yo?
    Y tenía que morir Quique no te da pena????
    :( Pobrecito
    Karen

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  9. Una historia muy chula. Sobre todo el liche y el final como describes la muerte de Quique. Pobre Quique. :-( :-)

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  10. Me ha gustado la historia porque te deja con la intriga.
    Adiós Quique.
    X(

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    1. ¿Cómo sabes si es un adiós? A lo mejor si o a lo mejor no.
      Karen :(

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  11. Está claro que en semejante aventura no se pueden cometer errores, el precio es muy alto. Te superas en cada entrega. Besos.

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