viernes, 20 de junio de 2014

El asedio comienza



 Nota del autor: Hoy, para evitar chivatazos sobre la trama de la historia antes de leerla, he eliminado las imágenes. El desenlace hay que saborearlo con calma.

- ¡No te vayas, María! ¡Detente!

La muchacha, vestía una enorme capa color ocre y se deslizaba entre las sombras, dispuesta a abandonar el Bastión. Su capucha la protegía de miradas curiosas, pero nunca existió compañero más curioso y metiche que Ernesto de los Eolirs, arquitecto del Bastión. Cuando escuchó su nombre, los reflejos la traicionaron y se detuvo instintivamente, podía haberse hecho la sorda, pero ya era demasiado tarde.

-Lo siento Ernesto, debo hacerlo, no soporto más estar quieta tras estos muros, marcharé en busca de nuestros amigos -dijo María Martín, mientras descubría su rostro-.

- No podemos perder la confianza, según lo previsto, aún quedan dos lunas para que Gormul llegue a nuestros muros, si nos separamos ahora todo habrá sido en vano, no habrá nadie para defender la fortaleza.

- Tienes razón, Ernesto, por eso tú te quedarás. Yo partiré en busca de  toda la ayuda posible, reuniré a nuestros compañeros, estén donde estén y los traeré de vuelta a casa- se acercó poco a poco a su amigo y posó las manos sobre sus hombros-. Prométeme que protegerás las murallas hasta que  llegue -solicitó con los ojos brillantes a punto de desbordarse en un mar de  lágrimas -.

Ernesto bajó la mirada ocultando el profundo amargor de la despedida, María M. era una de sus mejores amigas y la que mejor entendía su forma de ser. Un temblor en la barbilla delató sus sentimientos y con la voz quebrada le contestó:

- Te lo prometo… solo si tú me prometes que volverás para defender la ciudadela conmigo, pero… ¿qué le diré a Filguín? cuando sepa que te dejé marchar, me matará -concluyó con media sonrisa-.

María M. lanzó a un lado la capa y descubrió en su cinto un precioso cuerno hecho de oro y marfil, adornado con ribetes de plerio. Era uno de los tesoros  más preciados del Consejo de los 18, decía la leyenda que sus poderosas notas tenían el poder de encender los corazones y de apartar las nubes que ocultan el sol. 

- Dile a nuestra líder que escuche el viento, cuando esté cerca tocaré con toda mi fuerza el Cuerno del Bastión, entonces sabréis que vuelvo a casa… para bien o para mal.

Ernesto se quedó viéndola correr como una sombra que escapa en la oscuridad.

- Cuídate -susurró para sí mismo mientras veía alejarse a su compañera.-

Ernesto permaneció un largo rato, contemplando el suelo, dejándose llevar por los recuerdos. Se vio, unos años atrás, con María M. dibujando en las mesas de la biblioteca, riendo de sus payasadas y fantaseando con ser unos poderosos magos. Entonces la rabia se apoderó de él, todo era por culpa de Gormul, esa maldita y asquerosa criatura. Cuando quiso darse cuenta, había apretado tanto los puños que las uñas se le habían clavado en la palma de la mano, haciéndolas sangrar.

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La mañana del sexto día no hubo amanecer, llegaron en la oscuridad surcando la campiña, susurros de hueso y metal que arrasaban todo a su paso. Unas colosales nubes negras encapotaban el cielo, tan solo unos destellos lejanos que auguraban la proximidad de una tormenta, iluminaban de cuando en cuando el vasto terreno que rodeaba el Bastión.

A pesar de los esfuerzos de los miembros del Consejo por tener todo preparado, el Zafiro no había llegado. La marcha de María M. junto con el paso de las horas, habían dado su fruto en la moral de las tropas, los defensores del Bastión permanecían cabizbajos observando la enorme hueste que formaba en frente a ellos. El valor no llegaba y la desesperanza azotaba a todos por igual.

Después de la asamblea, se corrió rápido  la voz de que la guerra comenzaría pronto, todos los pueblos libres de Dambil, supieron de la  invasión del ejército de Gormul. Algunos fueron directamente a la ciudad de los 18 a presentarse como voluntarios para la defensa, otros fueron con sus familias a ocultarse en las montañas. Gracias al adiestramiento impartido por María P y María H, ahora mismo había cuatro mil defensores bien armados, de todas las razas y tribus de Dambil, si fallaban…sería el final del mundo mágico.  No obstante, muchos eran campesinos sin experiencia, por eso  las dos  muchachas tenían la sospecha de que ante la menor complicación abandonarían las armas y huirían.



Gormul no tardó en desplegar todo su poder al enterarse de que el Bastión reposaba en tierra firme y era vulnerable. La expectación aumentaba, el ejército de no- muertos había tardado seis días en recorrer el camino que lleva desde las tierras del norte hasta la ubicación de la ciudadela. Fueron extremadamente rápidos y silenciosos, pues no necesitaban detenerse para descansar ni sus estómagos solicitaban alimento, era una horda letal. Ahora, cerca de un millón de esqueletos y abominaciones iban cogiendo posiciones, esperando ansiosos a que su líder, el atroz Amo Negro, diera la orden de atacar. El aire era espeso, apenas una ligera brisa llegaba a rozar las corazas de los defensores y el hedor de la muerte hacía difícil respirar. 





Fuera de las murallas; Ainhoa y María P esperaban encima de sus corceles al frente de la caballería. Una gran porción del bosque sombrío era talado por los ingenieros de Gormul y frente a las puertas edificaban catapultas y torres de asedio para aniquilar cualquier resistencia.  Los caballos, única defensa disponible ante las maquinas de guerra,  se agitaban nerviosos ante la inminente batalla, excepto el de Ainhoa que bufaba tranquilo ante las palabras de cariño de su dueña. Alex, ya recuperado de las heridas sufridas en el enfrentamiento contra Maldafur,  lideraba a los arqueros y ballesteros. Además, contaba con la ayuda del maestro del arco, José Juan, juntos lanzarían andanadas de flechas para frenar el avance de la increíble ola de enemigos que estaba a punto de venirse encima. María H.  y Ernesto se encontraban en la muralla mas externa, pues sería el primer lugar que sufriría la invasión. Titón y Celia permanecían junto con Águila en la pirámide, que sin apenas confianza en su misión, aguardaban la milagrosa llegada del Zafiro. Silvia se apostaba en las puertas, las defendería y atendería a los heridos cuando llegaran.



Entonces sucedió...

- ¡¡¡Pum, pum, pum!!!





Un repiqueteo llenó el campo de batalla, el cielo bramó, algunos truenos resonaron entre las nubes. Los esqueletos de las primeras filas del ejército tenebroso golpeaban sus escudos con sus armas creando un ruido terrorífico. Gormul emitió una carcajada y con un terrible alarido dio la señal para iniciar el asedio. 



Una oleada de destrucción se desató frente al Bastión. Los no-muertos corrían a gran velocidad y bestias de enormes proporciones arrastraban escalas para que los invasores pudieran tomar las murallas. Alex dio la orden, sus arqueros estaban preparados y arrojaron una nube de flechas que oscureció aun más el cielo. Muchos no-muertos cayeron fulminados por la terrible andanada de proyectiles. Los defensores gritaron de júbilo al ver como los enemigos eran abatidos...pero la alegría duró poco. Muchos  de ellos volvieron a levantarse y corrieron como si nada, cubiertos de flechas como si de puercoespines de madera se trataran. Ernesto, movilizó a sus duendes para que hicieran funcionar sus ingeniosas catapultas de fuego.

- ¡¡Ahora!! ¡¡MANDAD A ESAS CRIATURAS AL INFIERNO DEL QUE SALIERON!!- gritó el arquitecto.

Los resortes de las máquinas fueron liberados arrojando una lluvia de fuego sobre el campo de batalla. Las explosiones hicieron temblar el suelo disolviendo batallones de muertos por completo. De los huesos cenicientos surgieron unas trémulas luces azuladas; almas malditas que surcaron el aire alojándose en el cuerpo de los primeros defensores fallecidos. En otras zonas los invasores consiguieron  trepar por las escalas convirtiendo el combate en un duelo cuerpo a cuerpo por el dominio de las murallas. María H.  y Ernesto luchaban con bravura lanzando a los no-muertos por encima de las almenas. Los golpes de Filguín eran demoledores, despachaba  rápidas estocadas a sus adversarios destrozando sus pútridas carcasas. Ernesto usaba su espada y apoyaba sus movimientos con oleadas de magia que hacía retroceder a los grupos de enemigos que se acumulaban en la primera muralla. 



El sonido de los truenos fue superado por el estruendo de unos imponentes tambores de guerra, la atención de los miembros del Consejo se desvió hacia el campo de batalla. Unas enormes máquinas de asedio avanzaban en dirección a la Fortaleza. Los no-muertos estallaron en escalofriantes vítores a su paso. Unos enormes trolls esqueléticos cargaron las maquinas con piedras mientras un hechicero zombi las prendía con fuego mágico. En ese instante, una tormenta de  rocas ígneas cayó sobre el Bastión. Los defensores corrían de un lado a otro histéricos de  miedo. Silvia  pronto estuvo ocupada atendiendo a los numerosos heridos víctimas de  las máquinas de guerra. María P vio la muerte que se acercaba en forma de catapultas, miró a su compañera Ainhoa y dijo:

- ¡Tenemos  que pararlas como sea!

- ¡Pues destrocémoslas! - exclamó Ainhoa como respuesta-.

Azuzaron a sus monturas en dirección a las catapultas de Gormul. ¡¡¡¡Por Dambil!!! ¡¡¡Por el Bastión!!! Gritaban mientras surcaban el campo de batalla como amazonas salidas de las épicas leyendas de antaño.





Transcurrieron las horas mientras se desataba toda la furia del incansable ejército del Amo Negro. Titón y Águila observaban lo que ocurría desde los miradores de la pirámide. Celia se encontraba con ellos.

- El Bastión no aguantará mucho más un ataque semejante. Las murallas exteriores no tardarán en caer  -observó Águila preocupado-.

- Iré a las murallas -afirmó Titón- no puedo estar aquí quieto mientras invaden nuestra fortaleza.

- Yo también voy, mis compañeros luchan y necesitan mi ayuda - añadió Celia.

- Sois los únicos que sabéis cómo funciona la magia de la pirámide. ¿Qué pasará si resultáis muertos? ¿Quién activará el Zafiro en caso de que consigan traerlo al Bastión?

- Tienes razón Águila -se resignó Titón- no podemos abandonar nuestro lugar aunque lo deseemos - dijo mirando a Celia-. 



En ese instante una gran explosión sucedió en la zona baja de la ciudadela. Muchos corrían por las calles gritando: ¡¡Las murallas han caído, los muertos invaden el Bastión!! Y así era, pues gracias a  la magia negra abrieron varias brechas en los fuertes muros que rodeaban la fortaleza ¡¡¡Todo está perdido!!!

Alex daba órdenes en las murallas, llamando a sus compañeros y guerreros para que no se quedaran rezagados.

- ¡¡¡Replegaos!!! ¡¡Retroceded!!!



Todos hicieron caso del guerrero Flaimer y retrocedieron a la segunda muralla, intentarían frenar a los atacantes desde allí.



Tras  varias horas combatiendo, los defensores del Bastión estaban exhaustos. Muchos lucían sus armaduras aboyadas y hendidas  por los golpes, algunos como Ernesto  y Filguín, sangraban por varias heridas, no obstante, seguían combatiendo ferozmente, sin ceder un palmo de terreno al enemigo. Las oleadas de esqueletos no acababan nunca. La enfermería estaba atestada de heridos y la pobre Silvia no daba abasto para atender a todos. A pesar de contar con la musgoseta, ya habían tenido que luchar contra alguno de los pacientes recién fallecidos que se alzaban  poseídos.

Eran unos momentos de gran confusión y desesperación, los defensores cada vez eran menos y los muros cada vez más débiles. Todo parecía acabado. 



Gormul, tras las filas de su ejército, sonreía tenebrosamente y cada vez que un trozo de muralla se derrumbaba, carcajeaba regodeándose en su propia malicia. Por fin había llegado el momento que tanto anhelaba, por fin vería a los humanos que tanto odiaba vencidos y sometidos. No tendría piedad, aunque era posible que esclavizara a parte de los supervivientes para que vieran el fin de su raza. Crearía un mundo de pesadilla, donde no existiría la risa ni la amistad...tan solo el temor a su gran poder. El infierno arrasaría Dambil y después de eso ¿Qué sería?... Gormul ya fantaseaba con desafiar a los mismísimos dioses antiguos. Ahora era el rey de las almas inmortales, nada podría pararlo. 

17 comentarios:

  1. Esta historia no me ha gustado nada porque el MALDITO Gormul va a destruir a los humanos y , ¡¡ todos moriremos!!
    Fdo:Alex Constantin Iosef

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  2. Me gusta mucho la historia!!!!!!!!!!!!!! Estoy deseando ver el final estoy súper intrigado

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  3. Profesor no me dejes con esa intriga estoy ansioso por la próxima historia FDO: Kike López

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  4. Nooooooooooooooooooooooooooo!!!!!!!!!!!!
    No quiero morir no quiero morir profe y me dejas 3 h con intriga??????
    MALO
    Karen ;(

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  5. Profeeeeeeeeeeeeeee!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
    no nos dejes mas con la intriga.
    : (

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  6. Me encanta esta historia. Me gusta mucho la forma en la que escribe, profe y me gusta la forma en la que describes los sentimientos, pensamientos..
    ¡¡¡¡¡Escribe un libro!!!!!!

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  7. ¡Madre miaaaaa!Por que me haces esto quiero que sea ya la ultima historia.

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  8. ME ENCANTAAAAAA!!!! Pero no me dejes con intriga :(
    Alexa

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  9. ¡Miradme! ¡Soy original! ¡Voy a comentar: "Que intriga profe, no lo dejes así"!

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  10. Josuuuuuuuuu profesor,¿y yo donde estoy? Me da igual lo que me digas pero yo si muero quiero morir con honor.¡Con mis compañeros!
    Fdo María M

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  11. ¡¡¡¡¡Qué nervios!!!!! ¡¡¡¡Cómo puedes dejarnos con la intriga en un momento tan crítico!!!!

    La historia ,(hasta ahora, la primera parte) está chulísima, siempre contábamos capítulos sobre que iba a venir Górmul, que tenían que luchar... ¡¡¡pero por fin ha llegado el momento tan esperado y tan crítico!!!

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  12. Jo profe, no me gusta nada que nos dejes con la intriga y espero que no nos maten pero la historia está muy bien, te felicito. FDO: Silvia Palomares.

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  13. ¡Estoy deseando que subas las siguiente historia! Esta me ha gustado mucho y no se por que siempre nos dejas con la intriga. Por eso me gustan tus historias.
    Fdo: Ana Cristina Lopez .

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  14. Está historia me ha encantado profe eres el mejor escritor.
    Fdo:Juan Antonio

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  15. Estoy deseando lee la segunda parte,me gusta que intentes meter a todos los miembros de consejo de los 18. : D

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  16. Me gusta la historia.Fdo:César C.

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  17. Me ha encantado. No hay nada que no me guste. Estoy deseando leer la siguiente historia. Ni me he fijado en las palabras que no me guste, bueno, casi nadie

    Fdo: María H(Filguin, aunque no me guste)

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