martes, 3 de junio de 2014

Pobre rata



Las manos le temblaron, un escalofrío recorrió todo su cuerpo, la luz de la vela arrojó brillos en su piel allá donde el sudor hacía su aparición. Carraspeó y trató de serenarse, el libro que había encontrado contenía datos que le hicieron estremecerse en su silla. Miró a su alrededor tratando de hallar una salida a la encrucijada de pensamientos, las sombras de alrededor se alargaron tratando de intimidarlo. 

"No… no pueden conocer esto. Defraudaré a muchos… pero no me queda otra salida" -pensó-. 

En ese preciso instante, los sonidos amortiguados de unos pasos se dejaron oír en los pasillos de la biblioteca, cada vez más cerca. 
Sin pensarlo arrancó la página del libro y se la guardó en un pequeño pliegue de la manga.
- ¡Ah! Estás aquí Titón, llevo un rato buscándote - interrumpió Celia-.
- Ejem…sí, estaba buscando información sobre el zafiro -contestó el anciano-.
- ¿Estás bien? Te veo nervioso y estás sudando como un pollo -observó la muchacha-.
- Bueno…es que hace calor aquí y esta túnica es demasiado gruesa- mintió-
- Te buscaba para contarte una idea que se me ha ocurrido mientras veía el ritual por el que los magos entregan su magia a la pirámide. Verás, creo que podíamos usar estos días que quedan para la llegada de Gormul para fortalecer más aun nuestras reservas de magia y de este modo ampliar el radio de acción del zafiro.
- Mmmmm…interesante, soy todo oídos - le animó Titón para que continuara-.
- La idea es convocar a aquellos magos que cedieron su magia para un último servicio. Ellos no pueden usar la magia, pero sí pueden almacenarla. Si  los miembros del Consejo y todas las personas con potencial mágico ceden  diariamente un parte de su energía a estos magos, se podría volver a reinvertir en la pirámide.
- Estás proponiendo que cedamos diariamente poder a los magos retirados para que ellos la vuelvan a depositar en la pirámide, pero  ¿Por qué  no ceder la  magia directamente a la pirámide? - propuso el anciano-.
- Imposible- negó Celia- si hiciéramos eso la pirámide nos dejaría incapacitados para usar la magia.
- Ya veo, por eso quieres que usemos a los magos retirados como receptores, a fin de cuentas ellos no corren riesgo de perder sus poderes porque ya los cedieron voluntariamente.
- ¡Esa es la idea! Pero hay un pequeño problema, desconozco la forma de pasar magia de un mago a otro.
- Pues tenemos millones de libros donde buscar la respuesta -inconscientemente Titón señaló el libro que descansaba en la mesa-.
- ¿Qué le ha pasado a este libro? Parece como si le hubieran arrancado páginas.
Titón cerró el tomo apresuradamente.
- Sí, parece que alguien arrancó una página.
- Espero que no contuviera información importante -se lamentó Celia-.
- No, es un simple libro de mapas de Dambil - volvió a mentir el anciano-.
------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
Alex oteaba la delgada línea del horizonte mientras disfrutaba de la serenidad que le brindaba la soledad de las murallas. La altura del sol indicaba la llegada del mediodía y el calor se acusaba incluso en las zonas más altas del Bastión.  Con los brazos cruzados tras la espalda, caminaba parsimoniosamente haciendo tintinear los remaches de su armadura. Se alarmó ligeramente  al percibir el sonido de los engranajes  y cadenas que alzaban el rastrillo de la puerta principal. Aceleró el paso y se inclinó  sobre las almenas. Dos personas a caballo abandonaban el Bastión, iban poco pertrechadas y vestían ropajes similares a los de los exploradores; coraza de cuero, arco y espada ligera. 

- ¿Quién va? -gritó Alex desde las alturas.
- ¡Buenas tardes, Alex! -respondieron  los jinetes mirando hacia su posición-.
Ahora, el joven flaimer pudo reconocerlas, eran Silvia y Ainhoa "¿qué se traían entre manos?"
-¿Dónde vais? -se interesó.
- Necesito recoger un poco de musgoseta para elaborar unas medicinas -respondió a voces Silvia- ¿Te gustaría acompañarnos?
- Eso ni se pregunta, en un segundo os alcanzo -dijo Alex que ya  corría a preparar su montura. Estaba un tanto aburrido y cansado de vigilar las murallas, necesitaba un poco de acción.-  

A los pocos minutos el muchacho dio alcance a sus compañeras y situó su montura al mismo paso para hacer el camino junto a ellas. Silvia montaba una extraordinaria yegua de pelaje gris, el ligero sudor del camino, aliado con los imponentes rayos del sol del mediodía le otorgaban un aspecto argénteo. Ainhoa, por su parte, se dejaba llevar por un orgulloso macho de color inmaculado, blanco como las montañas del norte. Ainhoa lo dominaba sin recurrir a los utensilios propios de la equitación, no necesitaba silla, riendas o espuelas, el animal obedecía cualquier orden sin el más mínimo reproche. 

- Gracias por dejar que os acompañe, estaba  nervioso como un animal enjaulado. La tensión en el Bastión se hace palpable, cada día que pasa sin noticias de los grupos que mandamos en busca de ayuda es una puñalada a la moral de nuestras tropas -dijo Alex-. 
- Nuestra única esperanza es que consigan traer el Zafiro, es normal que todos estén un poco nerviosos pero debemos confiar en  nuestros compañeros - afirmó Silvia-.
- Bueno, y ¿qué es eso que tenemos que buscar?- se interesó Alex cambiando de tema.-
- Buscamos un  ingrediente para un remedio curativo que estoy preparando, se llama musgoseta y, según he estudiado, tiene la capacidad de retrasar la muerte cuando las heridas son muy graves.
Alex quedó pensativo tratando de descifrar la aplicación de tal remedio, hasta que preguntó:
- ¿Para qué tal medicina? Es decir, si las heridas son muy graves y no tienen solución ¿no sería más piadoso dejar que la muerte siga su curso para evitar el sufrimiento y la agonía al paciente?
- Es muy buena pregunta, y trataré de explicártelo - comenzó la sanadora del Bastión-. Uno de los peligros a los que nos enfrentaremos  cuando seamos atacados por las huestes de Gormul es en convertirnos en nuestros propios enemigos. Tal y como nos han explicado en la asamblea, los cadáveres actúan como recipientes de las almas malignas. Si tras nuestras murallas mueren los defensores víctimas de las ballestas y máquinas de asedio, pronto se levantarán como No-muertos para atacarnos desde dentro. Además, las casas de curación se pueden convertir en  un hervidero de muertos andantes. Debo ser realista, no podré salvar a todos los heridos a los que atienda, pero con la musgoseta, podré retrasar su muerte y por tanto, que sean poseídos.
Alex miró con cierta admiración a la sanadora, sintió como una oleada de esperanza agitaba su espíritu, cayó en la cuenta de que sus compañeros estaban haciendo un gran trabajo y que eso, aunque fuese difícil, aumentaba sus posibilidades de victoria.   
- Pararemos por aquí -ordenó Ainhoa-.
- ¿Por aquí? Pero apenas nos hemos alejado unos cuantos kilómetros del Bastión, podíamos haber venido andando -observó el joven flaimer-.
- Alex, mis caballos, al igual que tú, necesitan estirar las piernas. Son nobles rocines de batalla y no se les puede mantener encerrados en diminutas cuadras, tienen que estar preparados para el combate -mientras decía esto acariciaba el poderoso costado de su montura, y esta, tratando de devolverle el gesto de cariño, giró su cuello  acercando el morro a la mano de Ainhoa-.
- Bueno chicos - dijo Silvia bajando de un salto de su yegua- el musgoseta crece en lugares húmedos y oscuros, tal vez en grietas en la roca o en alguna cueva ¡Vamos, es hora de buscar!
Comenzaron la búsqueda en las proximidades a una pequeña colina. Rodearon las faldas de la montaña tratando de buscar aberturas en la roca. Al poco rato Ainhoa gritó a sus compañeros:
- ¡Hey! Aquí he encontrado un buen sitio.
- Mmmm, parece un lugar prometedor -dijo Silvia- Alex, nos harías los honores de entrar tu primero -solicitó guiñando un ojo-.
- Con mucho gusto- Alex se adelantó captando la indirecta de su compañera, cogió una rama seca del suelo e invocó su poder elemental prendiéndole fuego e improvisando una antorcha. 
Las sombras se proyectaron en el interior de la cueva, grandes y amenazantes. Los tres compañeros penetraron en la montaña en busca de la musgoseta. Se sorprendieron al ver que la cueva era mucho más pequeña de lo que aparentaba. Tenía los techos y paredes lisos, parecían cincelados a voluntad. Ainhoa reparó en el detalle.
- Os habéis fijado en los techos y las paredes, son extraordinariamente lisos y tiene pinta de haber sido el hogar de alguien. 
- No fue hogar de nadie -aclaró Alex- Son almacenes de caza, los usaban los orcos cuando se alejaban mucho de sus hogares. Habilitaron cuevas de este tipo para almacenar frutas silvestres, o las piezas que cazaban en las cercanías. De este modo podían estar varios días cazando en los alrededores sin tener que llevar pesados fardos. Digamos que era como un almacén temporal. Luego volvían con carros y bestias de carga y se llevaban todo a sus hogares. Según leí, usaban magia de fuego para pulir la roca y purificarla, de ese modo las alimañas e insectos no podían ocultarse, quedando a salvo los alimentos que almacenaban. En otros tiempos esta cueva estaría cerrada por una gran puerta de madera o piedra, pero los años habrán terminado por hacerla desaparecer.
Efectivamente para ser un lugar abandonado en mitad de la naturaleza, estaba bastante limpio, la arena del suelo era fina y uniforme y la temperatura dentro era mucho más fresca que en el exterior, ideal para mantener  saludable durante unos días cualquier alimento.
- ¡Puaj!- exclamó Silvia desde uno de los rincones de la cueva- ¿No oléis esa peste?
- Es cierto, yo también la huelo - afirmó Ainhoa echándose las manos a la nariz-.
- Jeje, aquí tenéis a la responsable del hedor -Alex alumbró con la antorcha el cadáver de una inmensa rata que yacía en el suelo en evidente estado de descomposición- por el estado de la piel parece que lleva muerta unos 4 días.
- ¡Pobre rata! -lamentó Ainhoa que amaba a cualquier animal-.
- ¡Ajá! Y aquí está la "asesina de ratas"- dijo Silvia dirigiéndose a la base de la pared próxima al animal- ¡¡Musgoseta!!
En el lugar donde la roca se unía con el suelo crecía una mata de musgo de un color cobrizo, a diferencia del musgo convencional, la planta estaba formada por brotes vegetales que tenían forma de minisetas, de ahí el nombre de musgoseta.
- Parece que la rata se dio un atracón de musgoseta y ha dormido demasiado- señaló Silvia-.
- ¿Pero no se supone que esta planta retrasa la muerte? ¿Por qué ha matado a la rata? - se extrañó el joven-.
- La musgoseta retrasa la muerte, pero si  se consume en altas cantidades provoca un sueño increíblemente profundo, la rata, probablemente,  lleva durmiendo más de un mes, por tanto no ha podido alimentarse ni beber. Ha muerto de hambre, no hay cuerpo que aguante tanto tiempo sin nutrientes -explicó la sanadora-.
- Bueno, la tarde se hace vieja y deberíamos de regresar pronto al Bastión, cojamos la musgoseta necesaria y marchémonos.
Desde la apertura de la cueva se proyectó una nueva sombra hacia el interior y un extraño sentimiento de peligro se apoderó de los miembros del Consejo.
- Vosotros no iréis a ningún sitio -dijo una voz arenosa desde la puerta-. 
Todos giraron como resortes para contemplar  a un extraño guerrero vestido con una armadura de cuero tan negra como el más profundo de los abismos, su cara estaba cubierta por una máscara terrible  y en sus manos empuñaba dos  dagas peligrosamente afiladas. Al lado, un enorme lobo de batalla se encontraba en postura semiflexionada con los pelos de la espalda erizados: un wargo.
- Tened cuidado, esto no tiene buena pinta -dijo Alex susurrando a sus compañeras-.
Ainhoa y Silvia, instintivamente movieron sus manos despacio hacia su cinto y acariciaron la empuñadura de las espadas.
- Ñiajajajaja ¿Y vosotros sois los que preocupáis a mi Amo? - preguntó sarcásticamente mientras reía-. No tengo ni para empezar, disfrutaré de esto, os lo prometo -hizo un gesto y el lobo se plantó amenazador en la puerta impidiendo la huida-
- Ataquemos los tres juntos, no podrá evitar nuestras espadas- propuso Silvia, en voz baja-.
Sus compañeros asintieron ligeramente con la cabeza expresando su conformidad. Mientras, su atacante avanzaba despacio, haciendo rozar las hojas de sus dagas emitiendo un molesto silbido.
- ¡¡Ahora!! -dijo Alex.
El joven hincó su rodilla en el suelo ofreciendo su espalda a Ainhoa, esta se apoyó en su compañero y dio un gran salto esgrimiendo su espada mientras volaba por los aires. Por su parte Silvia rodó por el suelo dirigiendo una estocada a las piernas. Era un movimiento ensayado para  desbordar al adversario atacándolo desde varios frentes. Con una rapidez asombrosa y con movimientos propios de una serpiente, el extraño consiguió esquivar el ataque de Alex y Silvia, pero Ainhoa, desde las alturas, consiguió descargar un mandoble que impactó con la suficiente fuerza como por hacer saltar la máscara de su contrincante. Al contemplar la cara del guerrero que los atacaba, quedaron conmocionados y al mismo tiempo aterrorizados, ¡era imposible! se suponía que llegarían en 4 días ¡¿Cómo podían estar tan cerca del Bastión?!
- ¡Es un No-muerto! -gritó alterada Silvia al contemplar el rostro cadavérico de su oponente.
- No-muerto…mmmm -quedó pensativa la criatura- ¡Me gusta! Aunque prefiero que me llaméis Maldafur, asesino al servicio de su grandiosidad Gormul, para  serviros… -y con un tono sarcástico añadió-…para serviros una muerte cruel y lenta ¡Ñiajajaja!

12 comentarios:

  1. Me gusta mucho esta historia; tanto como el conflicto que te deja el descubrimiento de algo extraño que descubre Titón; como lo de Alex, Silvia y Ainhoa.

    ResponderEliminar
  2. Yo creo que escapan al final, pero esto antes se convierte en juego de tronos con esas traiciones y las muertes de los personajes!

    ResponderEliminar
  3. Esta historia ha sido impresionante profesor.No me esperaba que apareciera Maldafur.
    Fdo María Martín ;D

    ResponderEliminar
  4. Está muy chula pero quiero saber el próximo capítulo.
    Fdo:Juan Antonio

    ResponderEliminar
  5. Me sorprende la reacción de Titón. Tampoco me esperaba la aparición de Maldafur.
    No sé cómo acabará la historia, después de haber visto que el Liche matara a Kike, aunque haya sobrevivido.

    ResponderEliminar
  6. Me encanta la historia, soy tu fan número 1! Espero que pueda escribir como tu cuando sea más mayor.
    Alexa:)

    ResponderEliminar
  7. Está bastante bien pero ojala que no mueran porque quedariá poca gente en el bastión.

    ResponderEliminar
  8. Esta historia está muy chula y me ha gustado mucho el final cuando Maldafur aparece y tiene la misión de matar a los miembros del consejo y la parte que menos es cuando se encuentran a la rata.
    Fdo: Alex Constantin Iosef

    ResponderEliminar
  9. ¡Maestro eres malo! Siempre nos dejas con la intriga : que pasa con lo que tiene Titón en la manga ¿que es?. Y que pasa con Silvia, Ainhoa y Alex mueren o que pasa.
    FDO: Ana Cristina López.

    ResponderEliminar
  10. Me gusta mucho la historia sobre todo la idea de la musgoseta pero....¡¡ no me gusta que vayamos a morir!! :(
    FDO:Silvia Palomares.

    ResponderEliminar
  11. Cada vez estoy más intrigada. Quiero más. Pronto.

    ResponderEliminar
  12. Me gusta la historia. La verdad es que no me esperaba que apareciera Maldafur. Me ha encantado esa sorpresa.

    ResponderEliminar